La historia. Cómo despidió radio centro a Loret de Mola

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Usted fue contratado para ser director general de una empresa. El sueldo pactado, 250 mil pesos al mes. Prestaciones: seguro de gastos médicos mayores y un coche Mercedes-Benz. La oficina para desempeñar el trabajo, la más grande de la compañía.

No estamos hablando de salarios excesivos ni prestaciones abusivas. De hecho, para una dirección general en el sector privado lo anterior es más bien poco.

Usted lo aceptó, inclusive ignorando mejores ofertas de empleo, simple y sencillamente para ayudar a sacar de problemas a una empresa que no ha estado haciendo bien las cosas.

Cuando la rentabilidad del negocio mejore, ya pensará usted en negociar mayores ingresos.

Las nuevas condiciones

El dueño del negocio un día le informa que usted jamás será despedido, faltaba más: usted es queridísimo por la familia propietaria.

Pero, se le pide a usted total comprensión, ante la llegada de otra directora con la que hay un compromiso (“la recomendó alguien de allá arriba”, comenta el empresario), las condiciones laborales cambiarán:

1.- El salario de usted se reducirá a 80 mil pesos mensuales.

2.- Ya no será usted director, sino repartidor en motocicleta.

3.- Es decir, en lugar del Mercedes-Benz tendrá usted una moto, de las pequeñas porque la época es de austeridad.

4.- Con el propósito de que no se deprima, se le da a usted un dato para que sea feliz: ningún otro repartidor en todo México gana fabulosos 80 mil pesos mensuales.

5.- Su oficina tendrá que dejarla, ya que el nuevo espacio de trabajo de usted está a 15 kilómetros de la sede corporativa de la empresa: en las bodegas donde todos los repartidores llegan a las cuatro de la mañana para empezar a movilizarse.

“Tú renunciaste, conste”

Obviamente, usted, después de escuchar las nuevas condiciones laborales, le dice al propietario de la compañía que no puede aceptarlas.

La razón del rechazo es financiera, sí, pero también cuenta la dignidad…

El empresario escucha lo que usted dice y replica, por cierto ofendido dado que usted no aprecia lo que la empresa le ofrece: “Tú lo quisiste, estás renunciando porque quieres, nadie te ha despedido. Como sabía que esta iba a ser tu poco amistosa reacción, preparé el cheque con el finiquito. Firma aquí y que te vaya bien. Me siento traicionado”.

Ya en la calle, usted le dice a un amigo del dueño que pasa por ahí: “tu compadre me despidió”.

Cuando el empresario se entera de lo que usted ha afirmado, manda un boletín de prensa explicando que fue usted el que no quiso seguir trabajando, que él simplemente le pidió realizar nuevas funciones ejecutivas; en resumidas cuentas, que usted inventa.

La necesidad de elevar, como sea, el rating de Aristegui que empezó bajo

Esa es, en lo esencial, la historia del despido de Carlos Loret de Mola, al que los dueños de Radio Centro consideraron incomodo porque el periodista se lleva mal con el presidente López Obrador.

En ningún manual de periodismo se exige llevarse bien —tampoco llevarse mal— con el titular del poder ejecutivo, ni ello es algo que pueda establecerse en ningún contrato entre el reportero y la empresa de medios.

Propietarios y administradores de la radiodifusora simple y sencillamente decidieron ya no tener entre sus colaboradores a alguien que se atrevió a criticar a Andrés Manuel.

Además, tenían que dejarle todo el espacio matutino a Carmen Aristegui, que al menos en la medición de INRA de octubre, no empezó con un rating ni siquiera de la media tabla en la clasificación de todos los noticieros de radio.

El que ya era el noticiario con más audiencia de Radio Centro era el de Loret, en gran medida por sus debates subidos de tono con Andrés Manuel López Obrador.

Si además de apoyar el crecimiento de Carmen quitándole un competidor interno, los dueños de Radio Centro pueden ahorrarse un dinerito contratando a alguien de menos nivel que Loret, pues qué bueno.

AMLO no juega así

No es algo que López Obrador vaya a agradecer —seguramente al presidente de México le debe haber enojado el hecho—, pero los que mandan en Radio Centro han preferido molestar una vez a Andrés Manuel y ya, que tener que soportar las diarias críticas de Carlos Loret al nuevo gobernante de nuestro país.

La historia como la escribe El Universal y el pleito legal que viene

El diario propiedad de Juan Francisco Ealy Ortiz contó la historia del despido de Loret, con otras palabras, en la columna Bajo Reserva Exprés:

1.- “Sorpresivamente, el concesionario planteó al periodista condiciones inaceptables para seguir adelante con el programa, con el objetivo de forzarlo a tomar la decisión de dejarlo”.

2.- “Nos narran que cuando Loret respondió que no podía aceptar las condiciones, con un ‘me voy’, la empresa no chistó ni reclamó”.

3.- “Hoy, nos comentan, el periodista no ha querido decir nada en público porque esta por iniciar un pleito contractual y hay un tema de confidencialidad”.

Esos empresarios de la comunicación tan chafas

En fin, cambia México, pero sus empresarios son los mismos asustadizos comerciantes de pequeño espíritu de siempre.

Una verdadera desgracia que cuando nuestro país empieza a ser gobernado por un presidente absolutamente respetuoso de la crítica periodística, un grupo de comunicación importante actúe tan miserablemente como lo ha hecho Radio Centro.

Por fortuna, estoy seguro de que ocurrirá, pronto verán los propietarios de esa empresa al presidente López Obrador discutir o debatir con Carlos Loret en otros medios.

Porque Loret, desde luego, seguirá haciendo su trabajo, que es muy bueno, en Televisa y en El Universal, dos empresas mediáticas, por cierto, bastante más influyentes y con audiencias muy superiores —sobre todo la que tiene la televisora— que las estaciones de radio, venidas a menos (los datos de rating de INRA no dejan lugar a dudas), de Radio Centro.

Ferretería Los Lotes